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jueves, 29 de octubre de 2020

LA ECONOMÍA VERDE. LA OPORTUNIDAD DE CONSOLIDAR LA INDUSTRIA Y EL EMPLEO DEL FUTURO

 


En los últimos años, y con carácter de urgencia en esta etapa de recuperación postCOVID que afrontamos, gobiernos, empresas y expertos han debatido y planteado propuestas sobre hacia dónde dirigir la inversión para acelerar las economías y crear empleo, en base a un nuevo modelo productivo, que promueva una industria más sostenible y más resiliente.

En este debate, la Unión Europea y los gobiernos nacionales han identificado a la transición verde y la digitalización como los ejes clave del relanzamiento y modernización de nuestras economías. Y han hecho más, basando los programas de recuperación en la decisión de alinear el crecimiento de los países con una estrategia para la descarbonización.

Atajar el cambio climático y transformar la economía son demandas sociales crecientes y urgentes, y no solo la consecuencia de una revolución tecnológica. Y esta es la mejor garantía de que la transformación es inevitable. Asimismo, el hecho de que la mitad del PIB mundial se genere en países con compromisos de neutralidad de emisiones en 2050, confirma que las primeras economías confían en un crecimiento indisociable a la sostenibilidad.

La electricidad es la forma de energía que más renovables ha conseguido incorporar. Solo en España, superan en potencia instalada al resto de fuentes de energía en la península, y su producción -según REE- representa en torno a un 40 % del mix de generación total. Hoy también somos capaces de producir electricidad renovable a un coste competitivo. Según la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), el precio del panel fotovoltaico ha caído un 80 % desde 2009 y entre un 30 %-40 % el de las turbinas eólicas, y se esperan descensos de costes de hasta un 30 % más a 2030. Por tanto, la electricidad ‘verde’ contiene gran parte de la respuesta y es la forma más eficiente de reducir las emisiones y mejorar la calidad de aire.

Y en este contexto, por primera vez en la historia, España se encuentra en una posición de ventaja.

Tenemos más recursos renovables (sol y viento) que la mayoría de los países de nuestro entorno y disponemos de terreno idóneo para su desarrollo. Contamos con una industria nacional de referencia mundial, que verá reforzada su posición sirviendo de arrastre a la economía española. Hoy, nuestra industria eólica y de fabricación de bienes de equipo eléctrico no solo es capaz de proveer las necesidades industriales de este país, sino que ya es exportadora en un 50 %. Asimismo, una aceleración de la transición energética generará empleo, fortalecerá el desarrollo tecnológico de estas industrias y las consolidará aún más en el mercado internacional.

En definitiva, con todo ello, no solo mejoremos el medio ambiente, sino también nuestra competitividad económica.

Pero las oportunidades de desarrollo industrial y transformación económica social, que tenemos la obligación de aprovechar, van más allá. Descarbonizar la economía implica actuar sobre la totalidad de nuestras necesidades energéticas y, para alcanzar la neutralidad en carbono en 2050, debemos transformar todos los sectores: transporte, industria, climatización… Esta tarea es también una oportunidad para transformar el sector de la automoción y desarrollar la cadena de valor industrial asociada a la calefacción cero emisiones (aerotermia), el autoconsumo doméstico, el desarrollo de baterías y la producción de hidrógeno verde para uso industrial.

La transición se hará en todos los países del mundo. Si la hacemos antes y bien, exportaremos al resto de mercados, generando más riqueza y empleo en nuestra industria. Si lo hacemos tarde y mal, seremos importadores de los equipos fabricados por aquellos países que hayan realizado la transición de forma anticipada.

Hacerlo bien requiere del trabajo de todos. Para atraer la ingente inversión necesaria se requiere de un marco regulatorio estable y de la aceleración de las tramitaciones administrativas. Además, hay que enviar señales a los ciudadanos -con una reforma fiscal-para que constaten que lo limpio hoy ya es barato y que lo que contamina es caro.

Para desarrollar nuevas industrias asociadas a la transición se necesita, también, la implementación de proyectos emblemáticos de I+D y la modernización de la formación del capital humano, adaptándola a las nuevas necesidades.

La transición hacia una economía verde va a requerir de la toma de decisiones urgentes, consensuadas y profundas y de constancia en su ejecución. Para ello, contamos con el conocimiento y las herramientas y con la capacidad de diseñar el futuro que queremos.

Apostar por ello, ahora y juntos, nos permitirá seguir actuando en nuestros entornos de forma responsable y sostenible, con proyectos competitivos de gran valor añadido y con la certeza de estar contribuyendo a la creación de la economía y el empleo de futuro.

ÁNGELES SANTAMARIA
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